17 de noviembre de 2012

15N

Y pasó otro 15 de Noviembre. Treinta y cuatro años ya desde aquel momento en que mi mamá me diera a luz en aquel sótano de la E.S.M.A., "atendida" por el Dr. Magnacco. Dicen las que sobrevivieron que mi mamá me apoyó en su pecho mientras me daba mis nombres

Nací un miércoles  No tengo certeza de la hora, sólo que fue entre las 6:00 y las 8:00 de la mañana. Hace tiempo ya que renuncié a la posibilidad de hacerme una carta astral, ante la falta de precisión del horario.

Al menos conozco la fecha exacta de mi nacimiento. Otros festejan "la semana" de su nacimiento y a algunos hasta les han modificado el año en que nacieron. 

Mi primer cumpleaños festejado con fecha cierta (aclaro al lector poco informado que me anotaron como nacido un 24 de Noviembre del '78 pero me lo festejaron, hasta pasados los veintiuno, los días 16) fue en el año 2000, junto a mis abuelas y mi hermana. Ahora que lo pienso bien, creo que no hubo ningún otro cumpleaños que pasara junto a Maricel; y eso que ya llevo doce años de saber la verdad acerca de mi origen y mi historia... 

Durante el periodo comprendido entre el 2001 y el 2003, lo festejé los días 16. No podía.  Estaba muy negado con mi historia. El proceso judicial en contra de mi apropiadora fue devastador y tener a la Jueza Maria Romualda a cargo de la causa fue una frutilla del postre muy difícil de digerir... 

Después, ya con mi identidad restituida, el 15 de Noviembre del 2004 fue un despertar a la verdadera magnitud de esa fecha. Entendí que en el preciso instante en que mi madre me paría, en cada pujo se definía su sentencia de muerte. Así que, paradójicamente, mientras daba vida - mi vida -, sellaba el destino de la suya. 

¿Qué se puede festejar ante tamaña revelación? ¿Dónde encontrar un motivo de alegría? ¿Me tenía que confortar el hecho de que mientras estuvo más de un mes en cautiverio no le faltó nunca un sachet de leche? ¿Tenía que ponerme contento de que en ese cuarto de capucha, que aún hoy se puede visitar, le permitieran tener la puerta abierta para poder charlar un ratito con las demás detenidas/desaparecidas? ¿O, tal vez, conformarme con la posibilidad de haber estado en sus brazos entre tres y/o cinco días? 

No hubo, por muchos años, un verdadero motivo para festejar el estar vivo, el haber nacido.  Hubo un tiempo en que pensé que mi supervivencia se debía solamente a la falta de agallas de los militares para arrojarme a un fuentón con agua y ahogarme. Hoy mi cumpleaños sigue sin ser uno de los días más felices del año, pero puedo ver ese suceso de otra forma: 

- Como padre, soy consciente de preferir el bienestar de mis hijos por sobre mi propia vida. Así que, partiendo de esa premisa, si las almas de mis viejos existen en algún lugar -en un cielo, tal vez, o a mi lado mientras escribo estas líneas-, asumo que son felices viéndome sano y salvo y habiendo conformado una familia.

- Visto de otro modo, me considero un sobreviviente de ese infierno -y por alguna razón, era mi destino sobrevivir. -

- Adoptando una mirada más romántica puedo pensar que mi mamá me mantuvo con vida sólo para que mi papá me conociera y me sostuviera en sus brazos (imposible no pensar en sus brazos y en todo su cuerpo lastimado por las torturas y los golpes).

Desde el 2007 espero Noviembre con más ganas. Más precisamente después del nacimiento de mi hijo. Es increíble lo feliz que soy al verlo sonreír cuando apaga las velitas de su torta. Es imposible no ser feliz con su sola existencia. Sin mi vida, él no tendría vida. Asumo que soy un sobreviviente para que él naciera (él y su hermanita).

Verlo cantándome el "cumpleaños feliz" con su rostro iluminado por la alegría es algo impagable. Me ayuda a soplarlas y hasta me indica cuándo es el instante en que debo hacerlo - mientras Catalina lo mira con la típica admiración de hermana menor y se contagia de su emoción - . Todo esto ante la cálida mirada de mi esposa, testigo privilegiada del valor que tiene para mí ese momento que desearía fuese eterno.

Este año me dí el gusto de pedir tres deseos. Como antes, cuando la mentira me preservaba de sentir lo cruda que puede ser la realidad (realidad que, a pesar de ser tan amarga, elijo por sobre una vida falsa). Dos deseos para mí, el otro para alguien más. O, quizás, para otros. 

No se ilusionen. Si les cuento lo que pedí, puede que no se cumpla.

2 comentarios:

  1. A pesar del dolor, tenés motivos para festejar. Vos mismo te das cuenta de eso al mirar a tus hijos y a tu mujer. Y tus padres, donde estén, seguramente son felices por saber que recuperaste tu historia y por lo que estás haciendo con tu vida.

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