13 de septiembre de 2012

Algún día...

Buenos Aires, 28 de octubre de 1986

Querido hermano:

Cuando supe de tu existencia me invadió una profunda alegría, pero también me sentí triste por no tenerte a mi lado.
Te cuento que yo soy Maricel, tu hermana.
Te deseo feliz cumpleaños. El 15 de noviembre cumplís 8 años y todavía no te conozco!
Todos en casa están bien y te esperan ansiosos.
Mamá y Papá no están: viven en una estrellita de fantasía y desde allí nos cuidan.
Solo hay una cosa mas que te quiero decir: volvé Rodolfo, volvé !

Te extraño mucho y te quiero.

Un abrazo grande.

Maricel

"Algún día..." Poemas y Prosa. Abuelas de Plaza de Mayo. Agosto de 1990



La carta llegó tarde. Tardísimo. Te parece mal si la contesto hoy, pero como si estuviera a punto de cumplir mis 8 años?

Hola hermanita. Yo estoy viviendo en San Luis, escapando nuevamente del que dice ser mi padre para que no mate a golpes a quien dice ser mi madre.
Soy un nene común y corriente, que proviene de la Capital. A mis compañeritos de 2do grado en la Escuela Lafinur de San Luis les causa gracia como hablo. Soy monaguillo en la iglesia de Potrero de los Funes y vivo de lunes a viernes en la casa de una familia bien acomodada y los fines de semana en la casa de una mujer que me dijeron que es mi tia.
La que creo que es mi madre está juntando dinero trabajando como empleada de servicio doméstico cama adentro para iniciar los trámites del divorcio.
No recuerdo bien que día llegamos a esta provincia. Solo conservo como recuerdo que los reyes magos me trajeron un camioncito hasta acá. Ví el mundial de Mexico 86 y disfruté del segundo gol de Maradona a los ingleses.
Los señores me regalaron una bicicleta Aurorita roja.
Hace unos meses, la directora y mi maestra hablaban de lo largas que tengo las pestañas y yo, creyendo que era un razgo femenino, me las corté. Lloré mucho cuando creí que me iba a quedar ciego por hacer eso. Falsa alarma. Veo muy bien aún.
Los domingos, en la primer misa, finjo bostezar y contagio a todos los feligreses que no paran de hasta que el cura los reta.
Tengo algunos amiguitos y hasta le dí un beso en la boca a la hija del carnicero.
Uno de los hijos de los patrones, de quien creo mi mamá, me pelea bastante. No me presta sus juguetes. Si supiera que en mi casa de Jose C. Paz tengo más y mejores Playmoviles que los que él me mezquina se moriría de envidia. Hace unas semanas me dijo hijo de puta y por primera vez me agarre a trompadas. Me retó casi todo el mundo, pero ese pibito no me jode más.
Acá me divierto mucho en el río, saltando de piedra en piedra. A veces me empapo todo porque me caigo al agua. Subo mucho a los cerros y aprendí a montar a caballo. El que creo que es mi abuelo me regaló una yegua toda blanca con pecas. Se llama guanaca y es muy mimosa. Me preocupa. Como me la voy a llevar a Buenos Aires?
Me cambié el corte de pelo. Ya no lo tengo como Carlitos Balá. Ahora lo uso con raya al costado y la que creo mi mamá dejó de vestirme por las mañanas. Dice que ya estoy grande y que me puedo poner la ropa yo solo. Se la ve cansada y triste.
Una vecina de Potrero de los Funes me hace escuchar a Mercedes Sosa, pero me avisa que no puedo cantar sus canciones en la calle. Las escucho con unos aparatos que se ponen en las orejas.
En el invierno conocí la nieve, pero no pude jugar en ella porque me podría llegar a enfermar.
Se acerca mi cumpleaños y yo solo deseo volver a mi casa y jugar con mis amigos Martin y Jorge, con quienes a veces sueño. Falta poco para volver me dicen. Yo quiero que el tiempo pase muy rápido. Me gusta vivir acá, pero extraño mi casa. Casi no pienso en el que dice ser mi padre.
Te mando un fuerte beso y un abrazo que solo podré darte algún día, dentro de 14 años.
Todo ese tiempo es el que falta para conocerte y saber lo que me esperaste. Me contas que la familia está bien, pero yo vivo una realidad muy distinta. No sé que tengo a mis papas muertos, 3 abuelos y una hermanita que añora conocerme y que me escribe para calmar la amargura y la ansiedad.

Guillermo

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