30 de abril de 2012

Día cero (segunda parte)

Intentando desmitificar eso de que las segundas partes nunca son buenas arremeto con este post.
¿De dónde viene todo este asunto? De acá.

Me doy la vuelta y me voy. Como no tenía ganas de bancarme a las dos loquitas, me preparé algo para comer mientras una de ellas me escribía la carta. Ya anoticiado del por qué de la visita y retumbando en mi cabeza la historia de la princesa Maricel*, subo las escaleras hasta el entrepiso sin darme cuenta de que detrás mío venía mi jefe.

Osvaldo era un tipo de barrio, con mucha labia, apenas pasando los cuarenta y tantos años, más de una década trabajando en la disquería.

Apoyo en la mesa la bandeja y el libro que contenía la carta; me siento; repaso la secuencia. Se sienta Osvaldo y me dice:

- ¡Hacete cargo de tu hijo, che! -, en tono jocoso.

Tomo el libro sin ganas y por alguna extraña razón se abre en la página 174-175, mientras resuena la frase de mi jefe en mi cabeza. Veo unas fotos en blanco y negro. Una me resulta familiar: soy yo, en blanco y negro, pero comprendo de inmediato que ése de la foto no soy yo..., es alguien más.

Le paso la carta a Osvaldo para que la lea, mientras yo me voy enterando de cómo desaparecieron los jóvenes de la foto (que eran los padres de Maricel). Le digo:

- Ojalá fuese yo el padre de ese bebé. Esto es más grave. -, y doy vuelta el libro y le muestro las fotos.
- ¡Sos vos! - me dice. - ¡Son tus viejos! - Se asoma por la barandilla y mira hacia abajo buscando a la piba. La ubica, me mira:
- ¡Son idénticos! - dice, y lo acompaña con un - ¿Qué pensás hacer?
- ¡Y qué sé yo! De entre nosotros dos, el adulto sos vos. ¿Qué harías? - lo increpo.
- ¿Podrías vivir tu vida sin saber si esa chica es tu hermana? - me contesta.
- Pero, ¿viste la foto, Osvaldo? ¿Qué duda cabe?

El resto del día me quedé con la cara de esa chica, su carta y la foto dándome vueltas por la cabeza. Salí a la calle, fui al teléfono público y llamé a la chica con la que estaba noviando en ese tiempo. Le pedí que me viniera a buscar al trabajo a las 16:00hs, que era mi horario de salida. También llamé a Abuelas de Plaza de Mayo.

- Hola, soy Guillermo. Hoy vino una chica a decirme que soy su hermano. ¿Qué hay de cierto?

Del otro lado se pudo adivinar perplejidad. Asombrado, el hombre pregunta quién era la joven que se me acercó. Al decirle el nombre, escucho cómo tapa la bocina del teléfono y grita el nombre de la princesa. Vuelve al habla, no sabe qué decir ni qué hacer. Le digo:

- En dos horas estoy por ahí. - y corto.




Continúa... (no hay cuarta parte, sea paciente.)


*Ya era tiempo de ponerle un nombre, ¿no? Digamos que se llama Maricel. Digamos.

5 comentarios:

  1. Que impresionante, yo me acuerdo de todo, como si fuese ayer. Yo estaba del otro lado, yo era el novio de la princesa.
    Y hoy,soy un papá en Brasil, con hijos, una familia, y ávido consumidor del blog MMB. Es increíble, como hay personas que solo viven sufriendo por la frustración de los "momentos perfectos".

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    1. Pedro!!! Que alegría que pases por acá!

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  2. Qué bueno que al fin hubo segunda parte!!! :D

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  3. Era correctamente correcto,lo que hizo la Princesa??? Acaso no se salteo un par de pasos??? y cómo ella, precisamente que sabia muy bien manejarse en estos casos, decide ir a tu encuentro así porque si.
    Pero ella después no espero tus tiempos... era mas fácil enterrarte una vez mas, que acompañarte en este proceso tan difícil.
    Menos mal que el bastardo tiene su super-amigos,que están siempre en el momento justo.

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    1. Quiero creer que hay otra manera de acercar a la realidad o a la verdad a aquell@s que se encuentran en la misma situación que yo. Me conformo con saber que solo me haya pasado a mi.
      Y si, menos mal que siempre tuve amig@s de fierro. Sino la historia podría ser muy distinta.

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