30 de abril de 2012

La señal

Cuando los recuerdos están todos revueltos se torna difícil ponerles un orden. Personalmente, prefiero el caos de una conversación sin estructuras antes que algo ordenadito y prolijo. Así, los que lean MMB (como lo abrevió Pedro), encontrarán que paso por diversos estados de ánimo y salto de una fecha a otra aleatoriamente. No es arbitrario: así funciono. En este desorden, hoy me encontré, al ponerme a dibujar con mi hijo, recordando el momento en que nos enteramos de su gestación.

Durante mucho tiempo le pedía a mi novia (hoy esposa) que no esperáramos para tener hijos; la idea de conformar una familia estuvo siempre latente en mí. Supongo que será por la necesidad de sentirme parte o de arraigarme a algo. Creo que todo el proceso de aceptación de mi identidad y el saber que no soy de "allá" pero no terminar de sentirme parte del "acá" generó eso. Era tanto el anhelo de ser padre, que antes de saber que Cintia estaba embarazada ya teníamos los nombres elegidos para nuestros hijos. Yo prefería que la nena llegara primero, por una cuestión de celos: me imagino muy celoso de cuanto buitre quiera arrimarse a ella e imaginé que eso se potenciaría si además, fuera la más chica.

Volviendo al tema: el día que empezamos a sospechar que "estábamos embarazados", no pude aguantar mucho la ansiedad. Fuí hasta la farmacia de mi barrio y volví con tres test de embarazo (Cintia me tuvo mucha paciencia y usó los tres, para descartar toda duda). A la tercer prueba positiva no pude más con mis emociones y salí al patio a fumar.

Lentamente me prendí un cigarrillo mientras miraba al cielo. Esa noche estaba ligeramente nublado, pero se podía ver una vasta cantidad de estrellas. Di una pitada profunda que exhalé en forma de suspiro. Mentalmente empecé a monologar con mi papá: le daba la gran noticia y le preguntaba si estaba contento de que iba a ser abuelo. Obviamente no hubo respuesta alguna. Me fuí poniendo muy triste y me largué a llorar. Lloraba porque aun en un momento tan feliz de mi vida, la tristeza me invadía y sentía como las ausencias calaban mi alma. No es fácil ser hijo de desaparecidos en los momentos tristes; tampoco en los momentos alegres. La ausencia siempre está latente. Pensaba en mis padres y en mi abuela Argentina. Les hablaba mientras no podía evitar sentirme cada vez peor.

Para mí, una noticia de esa magnitud se da en un asado, rodeado de la familia, al lado de la parrilla y descorchando un exquisito vino tinto. Primero a mi papá, que viendo que la ocasión no ameritaba tanto lujo me preguntaría:
- ¿A qué se debe el honor?
- A que vas a ser abuelo.

Al cabo de dos segundos nos emocionaríamos ambos en un abrazo interminable y llamaría a mi mamá, que al vernos llorando no entendería nada y se acercaría preocupada, mientras que Cintia le señalaría a Maricel lo que está pasando y le sugeriría que vaya a ver si está todo bien. Abrazos, felicitaciones, lágrimas de alegría y besos serían el corolario de una tarde de domingo inolvidable.

No fue así.

En su defecto, me animé a pedirles a ellos que me dieran una señal, por mínima que fuera, para demostrarme su felicidad. No hubo mensaje sobrenatural alguno. Enjugué mis lágrimas y volví a la casa para llenar de cariño a mi preciosa esposa y besar su abdomen.

Unos días más tarde, en la primer consulta con el obstetra, llegó la señal: la fecha estimada de parto sería el 8 de Diciembre de 2007. Justo el día de cumpleaños de mi mamá.

Estaban felices.

Nota: Al final el parto se adelantó y el nene nació el 12 de Noviembre.

De frente y a quemarropa

...En esta vida me castigaste,

Me robaste el tiempo, me re-cagaste

Mi culpabilidad es como una pecera vacía
Como juzgar al sol por salir de día...



Prepárame la cena - Calle 13

¿Y yo qué culpa tengo, en todo esto? Yo no pedí la vida que me tocó vivir. Yo no decidí estar desaparecido mas de veintiún años. Yo no exigí que nadie dejara de vivir su vida por buscarme. No pedí que me encuentres, tampoco vine a quitarte nada. Ocupo el lugar que es mío por derecho propio: el de hijo de tus padres, que también son míos.

¿Y cuál es el pecado de mis hijos? ¿Llevar mi sangre? ¿Tu sangre? ¿Por qué pagarles con desprecio e indiferencia cuando las deudas son nuestras?

Día cero (segunda parte)

Intentando desmitificar eso de que las segundas partes nunca son buenas arremeto con este post.
¿De dónde viene todo este asunto? De acá.

Me doy la vuelta y me voy. Como no tenía ganas de bancarme a las dos loquitas, me preparé algo para comer mientras una de ellas me escribía la carta. Ya anoticiado del por qué de la visita y retumbando en mi cabeza la historia de la princesa Maricel*, subo las escaleras hasta el entrepiso sin darme cuenta de que detrás mío venía mi jefe.

Osvaldo era un tipo de barrio, con mucha labia, apenas pasando los cuarenta y tantos años, más de una década trabajando en la disquería.

Apoyo en la mesa la bandeja y el libro que contenía la carta; me siento; repaso la secuencia. Se sienta Osvaldo y me dice:

- ¡Hacete cargo de tu hijo, che! -, en tono jocoso.

Tomo el libro sin ganas y por alguna extraña razón se abre en la página 174-175, mientras resuena la frase de mi jefe en mi cabeza. Veo unas fotos en blanco y negro. Una me resulta familiar: soy yo, en blanco y negro, pero comprendo de inmediato que ése de la foto no soy yo..., es alguien más.

Le paso la carta a Osvaldo para que la lea, mientras yo me voy enterando de cómo desaparecieron los jóvenes de la foto (que eran los padres de Maricel). Le digo:

- Ojalá fuese yo el padre de ese bebé. Esto es más grave. -, y doy vuelta el libro y le muestro las fotos.
- ¡Sos vos! - me dice. - ¡Son tus viejos! - Se asoma por la barandilla y mira hacia abajo buscando a la piba. La ubica, me mira:
- ¡Son idénticos! - dice, y lo acompaña con un - ¿Qué pensás hacer?
- ¡Y qué sé yo! De entre nosotros dos, el adulto sos vos. ¿Qué harías? - lo increpo.
- ¿Podrías vivir tu vida sin saber si esa chica es tu hermana? - me contesta.
- Pero, ¿viste la foto, Osvaldo? ¿Qué duda cabe?

El resto del día me quedé con la cara de esa chica, su carta y la foto dándome vueltas por la cabeza. Salí a la calle, fui al teléfono público y llamé a la chica con la que estaba noviando en ese tiempo. Le pedí que me viniera a buscar al trabajo a las 16:00hs, que era mi horario de salida. También llamé a Abuelas de Plaza de Mayo.

- Hola, soy Guillermo. Hoy vino una chica a decirme que soy su hermano. ¿Qué hay de cierto?

Del otro lado se pudo adivinar perplejidad. Asombrado, el hombre pregunta quién era la joven que se me acercó. Al decirle el nombre, escucho cómo tapa la bocina del teléfono y grita el nombre de la princesa. Vuelve al habla, no sabe qué decir ni qué hacer. Le digo:

- En dos horas estoy por ahí. - y corto.




Continúa... (no hay cuarta parte, sea paciente.)


*Ya era tiempo de ponerle un nombre, ¿no? Digamos que se llama Maricel. Digamos.

Timid@s

Cerca de quinientas visitas al blog y sólo una decena de comentarios. ¿Son tímidos? ¡Anímense, que es difícil escribir sin un feedback (ida y vuelta, ya me hago el cancherito)!

28 de abril de 2012

Complicado

Tenía pensado publicar la segunda parte de cómo nos conocimos mi hermana y yo ayer, que se cumplian doce años de aquel día. No pude. A veces cuesta mucho escribir sobre lo que uno siente, y más si es un momento "bisagra" en mi vida. Para exorcizar ese sentimiento, me di el gusto de verme rodeado de militantes en apoyo a Cristina. Mucho bombo, cantos, banderas, dedos en "V" en alto y gargantas estallando hasta la disfonía le dieron otro significado al 27 de Abril.

Al llegar a casa recordé que la princesa presentaba su diario en la Feria del Libro. Recordé sus post en un blog como éste en el que, entre otras cosas, desprecia brutalmente a mi hija, cinicamente se burla de cómo raptó las cenizas de nuestra abuela paterna y me llama "feto innecesario".



Como se podrán imaginar l@s curios@s, se complica escribir, en este estado. Se complica guardar las formas.

Me guardo por un tiempo.


26 de abril de 2012

Día cero

Los jueves eran mis días de franco. Ese jueves, el teléfono sonó a las 08:00hs. Era mi jefe, para decirme que una de mis compañeras del turno mañana estaba enferma y pedirme que suspendiera mi muy merecido descanso y fuera a suplirla; semidormido contesté que sí. Doce horas más tarde no estaría muy seguro de si esa fue una decisión correcta (como si uno pudiera escaparse del destino).

Yo trabajaba en una especie de McDonalds, cuando todavía en San Miguel no había algo así. La idea innovadora fue de los dueños de una cadena de disquerías que pretendían diversificarse. Así, en dos locales sobre la avenida céntrica estaba mi lugar de laburo. De un lado, disquería; del otro, patio de comidas.

Llegué a eso de las 09:30hs (en esa época, desde mi casa hasta ahí sólo tardaba 30 minutos. ¿Quién podía decirme algo?) e inicié la misma rutina de siempre... Hasta el mediodía.

De repente, aparecen ante mí dos chicas de no más de veinticinco años. Una cargaba en brazos a un bebé; la otra preguntaba por mí con nombre y apellido. ¡Imagínense la situación! Mi vida era, por ese entonces, trabajar para tener dinero los fines de semana. Era un muchacho bastante atorrante que salia mucho a bailar. Nunca fui alcohólico, pero a veces me ponía muy "alegre".

- ¿Vos sos Guillermo Gómez? - me pregunta la chica que no cargaba al bebé, y yo en un microsegundo revuelvo mis recuerdos, a ver si alguna vez estuve con alguna de ellas dos.
- Sí, soy yo. - contesto.
- ¿Puedo charlar con vos? - insiste.
- Estoy trabajando. - le dije yo.

Súbitamente decide pasar por mis espaldas un compañero de trabajo y me dice, por lo bajo:

- Hacete cargo del pibe, es igualito a vos. -, pero la gota que rebalsa el vaso es la última pregunta de la minita:

- ¿Te puedo escribir una carta?

¿Qué clase de loca venía a mi trabajo, preguntaba mi nombre y ante mi negativa de hablar me preguntaba si me podía escribir una carta? Después de esa pregunta, me descolocó; ya me daba lo mismo si me escribía una carta o me mandaba un telegrama cantado.

Se sientan, ordenan algo y una de ellas escribe en un papel unas líneas. Al rato me pide una bolsa. Se la doy. Guarda la carta en un libro y el libro en la bolsa y me entrega todo.

¿Que más quedaba por hacer en ese momento? Sin dudarlo, saqué el libro y fui directamente a leer la carta, así me enteraba de una vez por todas de qué trataba esta locura. A grosso modo y muy sintetizada, la carta decía algo así:

"...Soy hija de desaparecidos...
...Estoy buscando a mi hermano...
...Es probable que seas vos..."

¡Qué mal que me sentí en ese momento, por favor! ¡La había estado tratando tal mal y esa piba era hija de desaparecidos y buscaba un hermano! "¡Qué porquería soy!", pensé, y me acerqué a ella para pedirle disculpas. Recuerdo que le dije algo más o menos así:

- Disculpame. Si yo tuviera un hermano perdido también lo estaría buscando.

Recuerdo que le tiré una explicación poco convincente de por qué no se tenía que hacer ilusiones. Hasta le mostré mi documento. Me miró y me dijo que en la carta estaba su número de teléfono y el contacto con Abuelas de Plaza de Mayo, que si me surgían dudas podía llamar a cualquiera de los dos. La saludé y me fui a seguir con lo mío.



Continua...

23 de abril de 2012

El cree en naves espaciales...

“Un astronauta y una bruja viajan en una burbuja
derechito para el sol, ese fuego que creció.
si se calienta el detergente y revienta eso que sienten
pueden perder el control y también la conexión,
certidumbre o ilusión, epidérmica ficción.
Él cree en naves espaciales y en efectos especiales
que nunca verificó, que en su puta vida vio...
ella practica con escobas, ve el futuro en una bola
que un colgado le vendió y también la convenció
de su poder interior, esa magia de cartón.
En el aire, ruegan gotas de amor, gotas de amor.
El vago juega con la idea de crear un gran sistema
que permita otra fusión, otro tipo de valor.
pero la bruja lo contiene y adivina lo que quiere
porque ella fue y volvió al infierno del terror
a ese mundo tan glotón que te come el corazón.
A veces pasa que la fiebre sube misteriosamente
y se retira sin razón, como toda aparición.
una burbuja reventada ya no significa nada
y abatidos van los dos sin creencia o religión
alejándose del sol en opuesta dirección.
Un retorno eterno al vacío, al vacío
un retorno eterno al vacío, vacíos.
nunca la vida es tan precisa, nadie tiene esa fija
que te saca del montón y te muestra algo mejor.
ni el astronauta ni la bruja
saben qué hacer con la culpa
y el miedo que les dejó
su sideral desconexión.
En el aire, ruegan gotas de amor, gotas de amor...”





Desconexión Sideral - Bersuit Vergarabat

Por si creen que es necesario aclararlo, el astronauta es quien les escribe: el maldito bastardo. ¿La Bruja? Ni más ni menos que la princesa.

En pleno proceso de aceptación de mi identidad, luego de que me fuera restituida (allá por Septiembre de 2004), me encontré un 15 de Noviembre en mi cuarto escuchando este tema. Era mi cumpleaños.

Empecé por sentirme identificado yo, luego por encontrar la identificación con mi hermana y por último - ya en una crisis de llanto - comprendí que así era nuestra relación: una desconexión sideral. Una de las partes más jodidas de la canción es cuando dice "…Él cree en naves espaciales y en efectos especiales que nunca verificó, que en su puta vida vio..." No encuentro la forma de no asociar ese fragmento con creer la versión de la persona que me crió sobre su responsabilidad en mi apropiación.

“…pero la bruja lo contiene y adivina lo que quiere porque ella fue y volvió al infierno del terror a ese mundo tan glotón que te come el corazón…” ¿Hace falta aclarar cuál es el infierno del terror?

Por último, “…ni el astronauta ni la bruja saben qué hacer con la culpa y el miedo que les dejó su sideral desconexión.”.

¿Será que algún día sabremos qué hacer con nuestra desconexión?

Es tarde ya y la inspiración no se me da todos los días. La jornada fue agotadora y, al igual que todos los lunes, incluyó además una visita a la terapeuta. No me pidan grandes y virtuosas formas literarias. El cerebro me pide un impass y para colmo, se acerca el 27 de Abril.

Lunes

Por lo que sé, en menos de siete días mi hermana viaja a Europa. Desde ese momento será inalcanzable otra vez, por tiempo indefinido. ¿Cuál es el problema? Que desde hace rato, tengo ganas de verla, charlar con ella; preguntarle de su vida y contarle de la mía.

Hace tiempo que tengo un mail guardado en "Borradores", en el que le hago un montón de preguntas sobre nuestros padres. Preguntas que nunca me animé a hacerle cara a cara. Eran otros tiempos; ella quería contar y yo no tenia ganas de oírHoy, estoy en otro punto de la línea de tiempo: no sólo miro hacia adelante, sino que también siento necesidad de mirar hacia atrás.

Esto no es sólo por mi; también es por mis hijos. Yo puedo manejar mis tiempos a mi antojo, gracias a mi calidad de víctima, pero eso no me da derecho a retacearle a ellos, el día de mañana, información acerca de sus abuelos.

El nene ya pregunta. Sabe que sus abuelos son José y Paty. Sabe que están muertos y que desde una estrellita lo cuidan, a él y a su hermanita. No entiende muy bien por qué Simba - El Rey León, de Disney - puede ver a su papá Mufasa en el cielo, pero él no puede ver a sus abuelos; tampoco entendió mucho cuando le expliqué que yo también tengo una hermana - la princesa -, que es su tía pero que él no conoce. Creo que no termina de digerir cómo podemos estar peleados y sin vernos. Cosas de chicos; para ellos todo es más simple.

Hace cosa de un mes, le pedí a mi abuela que le dijera - a mi hermana - que si quería venir a ver a los chicos (y en especial a conocer a su sobrina, a la que jamás vio), estaba invitada. Una especie de tregua, un "alto el fuego"... Hay pocas opciones: o mi abuela no le dijo nada o ella no tiene el menor interés en verlos.

Alguien me dijo que la próxima vez que me quiera comunicar con ella lo haga sin intermediarios. Yo creo que de esta forma es más complicado negarse y la responsabilidad ante la negativa queda en el otro. La pregunta es: ¿sirve para algo poner a prueba esta teoría?

En fin: si hace dos años alguien hubiera apostado a que yo iba a extrañar a mi hermana, me hubiera reído en su cara. Hoy la extraño. Cosas de la vida, ¿no?

22 de abril de 2012

La escritura

Esto de escribir lo que me pasa no es nuevo: tiene como antecedente un archivo en Word del año 2005 con algunas hojas en donde doy un toque literario a mi fulera historia. Creo que sólo dos personas lo leyeron: Martín y Cintia. Ahí quedó, escondido en algún rincón de Mis documentos.

De un tiempo a esta parte, me doy cuenta de que desarrollé un mecanismo en relación a todo lo que me pueda generar dolor: esconderlo en algún recoveco de la mente y dejarlo ahí hasta que ni me acuerde de su existencia. Así, hay recuerdos que no encuentro, porque los perdí quién sabe dónde. Muchas veces he tenido que recurrir a algún testigo ocasional de una determinada vivencia para comparar recuerdos y hacer una aproximación a lo que realmente pudo haber sucedido. Por eso el subtitulo de este blog reza: "Recuerdos elaborados según la oportunidad, el mérito y la conveniencia".

Otras veces, me encuentro dando cuenta hasta de los detalles mas ínfimos de un recuerdo: la fecha exacta, la hora y hasta la música de fondo.

Así funciona mi memoria. Tengo recuerdos muy lejanos, en los que estimo que tengo tres años o menos, aunque parece que los hubiera vivido ayer. Por otra parte, hay cosas que sucedieron el mes pasado que, si no me las recuerdan, ni me entero de que pasaron.

De todas maneras, no me considero demasiado raro. Con este "don" a cuestas intentaré ajustarme lo más que pueda a la realidad de los hechos. En caso contrario, me ajustaré a lo que más me convenga.

El que avisa, no traiciona.

21 de abril de 2012

Espejos

"I don´t see myself when I look in the mirror,
I see who I should be..."



In the crossfire - Starsailor

Hace muchos años le dije a mi hermana que la veía en los espejos; ella me contestó que gastó espejos tratando de imaginar mi cara, todos los días de su vida. Por aquel tiempo, era muy reciente la noticia de mi origen, y el miedo generaba en mí un primitivo mecanismo de defensa: negar.

Ésta es la vida que nos tocó vivir. Ella imaginándome y yo sin poder olvidarla. ¿Por qué esa necesidad?

Cuando cumplí veintiún años, mi apropiadora me regaló un anillo con mis iniciales (GFG). Cinco meses más tarde, mi hermana aparecería en mi vida.

Entre los meses de Mayo y Junio del año 2000, mis noches se veían alteradas por sueños que no puedo recordar. Después de cada sueño, me despertaba alterado, transpirado y a veces llorando. Luego de darme cuenta de que era sólo un sueño y para calmarme, prendía mi velador y miraba el anillo, para tener certeza de quién era. Solo así conseguía dormirme otra vez.


20 de abril de 2012

Terapia I

Por estos días, el maldito bastardo se encuentra muy pensativo. En parte porque empezó terapia, y en parte también porque extraña a su hermana - la princesa -.

Terapia es sinónimo de revolver cosas de las él que prefiere no acordarse, que no hacen bien y que se resiste a asumir. Preferiría mantener estos recuerdos en lo profundo del subconsciente, pero parece que no hay manera de conseguirlo. Así, en la última sesión, recordó cuando Francisco casi mata a Dora a golpes.

El maldito bastardo tiene miedo de volver a terapia el próximo lunes.

Algunas instrucciones

L@s curios@s encontrarán que existen posts que datan ya de, en algunos casos, más de dos años. Son cositas que fui escribiendo en otras partes y que creo que pertenecen a este lugar.

19 de abril de 2012

Todo empieza en algún momento

Primera entrada. Todo un logro.

Este post no es sólo un post: representa la decisión - ¡al fin! - de volcar en algún sitio cosas de mi vida. También, una necesidad de usar el derecho a réplica.

Desde este momento dejo de ser yo, para ser el "maldito bastardo".
A ver qué sale de esta experiencia.

Gracias por acompañarme.