19 de junio de 2011

Mis días del Padre

El Día del Padre no tuvo ninguna importancia para mí durante gran parte de mi vida, sencillamente porque quien yo pensaba que era mi padre nunca asumió esa responsabilidad. Para él, ser padre era venir una vez por mes con 230 pesos que un juez le obligaba a pasarme.

En el año 2000 todo empeoró. Supe que la vida me había dado un padre (que no era quien yo creía), pero que la dictadura me lo había arrebatado. No voy a conocerlo jamás y ni siquiera tengo la certeza de que me haya llegado a conocer. A partir de ese momento, esta celebración - el Día del Padre - se tiñó de gris. Tristeza infinita es la que abarca mi alma.

Por suerte y sin embargo, la vida me deparaba algo más que penurias. A lo largo de estos once años fui conociendo personas que, si bien no reemplazan a mi verdadero padre, son como padres elegidos. Me gusta pensar que la personalidad de mi Papá está hecha con retazos de ellos: Diego, Godofredo, José y Carlos. Ellos no sólo me apañan y malcrían, sino que también me cagan a pedos cuando me equivoco y SIEMPRE están para mi.

Pero eso no es todo: la vida sigue pagando por lo que me quitó. Hoy el Día del Padre es MI día, gracias al amor de mi vida, Cintia, que me dio dos hermosos hijos, que son mis soles. Ellos le trajeron luz a una celebración que siempre fue signada por la oscuridad y la tristeza.

Gracias a todos los nombrados, por formar parte de mi vida.
Al resto de los Padres les deseo lo mejor en su día, y a los que no lo tienen, que están en la misma situación que yo, estoy seguro de que ellos estarían orgullosos de todos ustedes.

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