10 de agosto de 2010

Celebración


¡Son tantas las cosas que tendría para decirte si estuvieras acá...! Tantas preguntas lanzadas a la nada y sin respuestas. No me conformo con los pedacitos de recuerdo que vagan por la memoria de los que te conocieron. Tu ausencia es un espacio imposible de llenar. Tu manera de ser, tus gestos, tus actitudes... Trato de adivinarlas, pero indudablemente el fracaso es el único resultado posible.

Una decena de fotos no alcanzan para armar el rompecabezas de tu rostro en mi mente. Ni siquiera tus fotos, que mi hermana guarda como botín de guerra, podrían.

¿Cuáles eran tus anhelos más sencillos? ¿Qué esperabas de mí? ¿Cómo sería crecer a tu lado? ¿Cómo se sentiría un abrazo tuyo? ¿Cómo era tu voz? Cosas que la gran mayoría de las personas pasa por alto cuando tiene un papá.

Naciste un día como hoy, hace cincuenta y siete años. Hijo único. Maestro de piano y solfeo siendo todavía un niño. Boy Scout, militante popular, montonero y desaparecido. Nadie puede decirme a ciencia cierta si me conociste. Ni siquiera ese dato, tengo. ¿Alguna vez me tuviste a upa? ¿Pudiste darme un beso? ¿Hacerme una caricia? A veces armo tu personalidad con jirones de las de personas a las que admiro o quiero.

No sabés las veces que abracé fuerte a mi hijo fantaseando con la idea de estar en su lugar... y ser yo el que recibe tu abrazo lleno de amor.

¿Estarías orgulloso de mí? ¿Sería un digno hijo tuyo? ¿Malcriarías a tus nietos?
Hay tanta ausencia.

Hoy tendría que ser una fiesta.
No nos dejaron.
No importa, viejo, yo miro al cielo y te hablo con lágrimas en los ojos...
Feliz cumple, pá... donde estés.

Te necesito mucho.



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